Yo También Era Miedo, Yo El Viejo Kamikaze.

Ella era una muralla infranqueable, esa que no se construye después de vencer una guerra, si no más bien después del desastre, estaba lista para no volver a confiar en nadie. Aún aprendía a perdonarse, y yo aún estaba aprendiendo a quererme. Supongo que debí pensar que era tarde, coger mis ilusiones y marcharme, volar a cualquier otro corazón sin defensas en el que acomodarme, pero nunca he dicho que fuera listo, y como ya he dicho antes, siempre fui un poco kamikaze. Me senté a buscar entre las ruinas de aquel desastre, y me encontré sonrisas que no esperaba encontrarme.

Me hice el valiente, cuando siempre fue más fácil ser cobarde.

Maquillé mis ansias y me refugiè en paciencia, me decía una y otra vez...

"tranquilo, más vale tarde, que nunca."

Arañaba las paredes de aquella muralla como preso que intenta fugarse, pero esta vez, hacia dentro. Como si tras los restos que quedaron hubiese visto una luz, y como un insecto que sabe que morirá en el intento, decidí acercarme. Tocarla y quemarme. Solo quedaba morir deslumbrado, o aprender a brillar. Pero no es fácil explicarle al dolor que aún queda felicidad. No es fácil ponerle un espejo a quien siempre tiene la cabeza agachada para que vea lo guapa que está cuando sonríe. Pero después de tanto arañar, toquè hueso tras la carne, tras el hueso mil metales, tras el metal el miedo, y tras sus miedos, una sonrisa que no esperaba encontrarse. Enfrente un espejo, tras el espejo mis uñas desgastadas de tanto chocar en su desastre, tras el desastre la luz, y tras la luz, de nuevo el miedo.

Decidí morir en aquella muralla infranqueable por salvar un corazón que nunca quiso salvarse, pero aquel corazón, tampoco se imaginaba que alguien lo encontrase. Y cuando menos lo esperaba, saltó su coraza, el dolor y el desastre.

Y ahora tengo las manos destrozadas por amor,

pero el amor,

cada noche,

se deja los labios en curarme.

Y así fue como empezó.

Ella tan solo un imposible,

y yo, tan solo un kamikaze...

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